miércoles, 11 de febrero de 2026

Mango para Espantamoscas (Tahiri)

El Mango para Espantamoscas (Tahiri) es un mango datado aproximadamente en el siglo XVIII d.C. (período comprendido entre los años 1.701 d.C. y 1.800 d.C.), perteneciente al arte oceánico, en concreto al arte maorí.

Mango para Espantamoscas (Tahiri)

Se conoce que perteneció a la colección de arte del rey de Tahití Pomare II.

En el año 1.818 d.C. fue regalado al reverendo y misionero británico Thomas Haweis.

Después estuvo en posesión de "Maggs Bros., Ltd." ubicada en la ciudad de Londres (Gran Bretaña).

En el año 1.958 d.C. el Mango para Espantamoscas (Tahiri) fue comprado por "Brooks Art Originals, Ltd.", localizada en el pueblo de New Canaan, situado en el estado de Connecticut (Estados Unidos de América).

En el año 1.965 d.C. el mango fue adquirido por el Museo de Arte Primitivo de Nueva York (Estados Unidos de América), un antiguo museo dedicado a las culturas indígenas de América, Oceanía, África, Europa y Asia.

Formando parte de su colección, hasta que en el año 1.978 d.C. pasó a formar parte de la colección de arte del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (Estados Unidos de América).


Descripción

Tiene una altura de 29,8 cm, una anchura de 4,4 cm y un grosor de 3,8 cm. Está elaborado en marfil y fibra de cáscara de coco.

Se trata de un mango para espantamoscas elaboradamente tallado y construido íntegramente con secciones cortadas de marfil de ballena, unidas en tres puntos con secciones finamente trenzadas de cordón de fibra de coco.

Aunque en la actualidad le faltan varias secciones trenzadas de fibra de cáscara de coco que se habrían unido a su extremo inferior para extenderse hacia abajo en una cola o "espada".

Se puede observar como en un extremo en equilibrio sobre un amplio collar hay representada una distintiva figura arqueada hacia atrás que insinúa un espacio hueco o dosel desde el cual se extiende el tallo central de marfil en una serie de secciones caladas.

Resalta como el tallado en cada sección es diverso, desde secciones angulares con mínima intervención hasta secciones más complejas que incorporan figuras muy estilizadas que sostienen cada esquina.

Se observa como aquellas figuras con brazos y piernas extendidos dan paso a una serie de incisiones simples que indican rasgos faciales en figuras muy abstractas.

Pero lo más llamativo es la punta, en gran parte sin tallar, que permanece lisa, mientras que la serie final de detalles tallados se integra con la superficie cremosa del marfil.

También cabe destacar que se suele asumir que los matamoscas se utilizaban para ahuyentar las moscas de la comida ofrecida a los jefes en ocasiones rituales, una idea errónea reforzada y luego perpetuada por los primeros observadores misioneros que residieron desde el año 1.797 d.C. en Tahití.

Sin duda, los matamoscas eran importantes atavíos rituales reservados solo para la élite cacique, pero este enfoque en su probable función práctica eclipsa importantes aspectos cosmológicos que fueron un componente igualmente crucial de su elaboración. 

En cuanto a la composición destacar que codiciados por su rareza los dientes de ballena (conocidos como marfiles) eran particularmente apreciados.

Puesto que se consideraban que las ballenas eran la "ata" (sombra) o la encarnación del dios Ta'aroa (dios creador original de quien todos los demás derivaban).

Por lo tanto, los huesos y dientes de ballena no eran meramente simbólicos u ornamentales, sino reliquias imbuidas de la esencia y la potencia de Ta'aroa.

Fuertes y duraderos, eran considerados su "iho" (esencia) permanentes, siendo los huesos uno considerados como los huesos de todos, y de esta manera el Mango para Espantamoscas (Tahiri) funcionaba metonímicamente para indicar todo el linaje de los jefes y todos sus predecesores.

Por consiguiente los mangos para espantamoscas minuciosamente ahuecados a lo largo del mango, com éste ejemplo, se concibieron como una expresión visual, altamente abstracta de principios genealógicos fundamentales.

Para finalizar subrayar que se conoce que el Mango para Espantamoscas (Tahiri) perteneció a la familia real tahitiana.

A finales del siglo XVIII d.C., probablemente perteneció al jefe Tu-nui-e-a-i-te-atua, quién unificó en el año 1.791 d.C. Tahití y las islas vecinas bajo su dominio, adoptando el nombre de Pomare I.

Es más también se conoce que éste mango se encontraba entre un grupo de objetos enviados en el año 1.818 d.C. por su hijo y sucesor, Pomare II, un cristiano recién convertido, al misionero Thomas Haweis.

Actualmente se encuentra en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, Estados Unidos de América.

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